El Mitsubishi Lancer Evolution IV sigue siendo uno de esos compactos de rally que despiertan opiniones muy claras: entusiasma por su tacto de dirección, su tracción total y el carácter del 4G63 turbo, pero también exige asumir mantenimiento, ruido y una compra muy vigilada. Aquí repaso qué lo hizo especial, cómo se siente al volante, qué defectos conviene vigilar y si hoy tiene más sentido que un Evo V o un VI. Si te interesa un clásico japonés de verdad, esta es la parte que separa la ilusión de una compra sensata.
Lo esencial del Evo IV en pocas líneas
- Debutó en 1996 como la segunda gran generación del Lancer Evolution, con enfoque de homologación para rally.
- El motor 4G63 2.0 turbo declaraba 280 CV, con versiones RS más ligeras y un GSR más usable.
- Su gran salto fue el AYC, un sistema que ayuda a girar repartiendo par entre las ruedas traseras.
- En marcha es muy preciso y muy divertido, pero también firme, ruidoso y poco refinado para uso diario.
- Al comprar uno, manda el estado real: óxido, embrague, AYC, historial y posibles señales de abuso.
- En España, la importación y la puesta a punto pesan tanto como el precio de compra.
Qué hace especial al Evo IV
La ficha histórica de Mitsubishi sitúa su llegada en 1996 y deja claro el enfoque: el Evo IV no nació para ser un compacto deportivo cualquiera, sino una herramienta de homologación con un motor 2.0 turbo y 280 CV declarados. El GSR incorporaba AYC, un sistema que reparte el par entre las ruedas traseras para ayudar a girar y estabilizar el coche, mientras que el RS iba más a lo básico y rebajaba peso hasta 1.260 kg frente a los 1.345 kg del GSR.
Ese dato de peso importa más de lo que parece, porque explica buena parte de las opiniones que genera: no es el Evo más refinado de la saga, pero sí uno de los que mejor dejaron claro hacia dónde quería ir Mitsubishi. Se vendió con una demanda feroz y acabó convertido en uno de los iconos más serios de la era dorada del rally japonés. Con esa base ya se entiende por qué conducirlo sigue teniendo tanta fama. Y ahí es donde de verdad se decide si el coche enamora o no.
Lo que más convence al volante
Una prueba reciente de TheDrive lo resume bien: el Evo IV entra en las curvas con una facilidad que parece más moderna de lo que su edad sugiere. Yo lo describiría como un coche que no espera a que lo invites; se coloca, se apoya y sale fuerte con una inmediatez que sigue siendo muy adictiva.
La dirección tiene bastante información, el morro apunta rápido y la tracción total te deja acelerar antes de lo que harías en un compacto normal. No todo es brutalidad: también hay sensibilidad en el chasis, y esa mezcla de agilidad y control es lo que hace que tantas opiniones sean tan favorables. No intenta ser un gran turismo ni un deportivo de salón; intenta ser eficaz en asfalto, y lo consigue.
- Entrada en curva muy viva, con un tacto que anima a enlazar apoyos.
- Tracción total útil de verdad, no solo como cifra de catálogo.
- Sensación mecánica, con un coche que transmite más de lo que oculta.
Cuando lo entiendes así, la siguiente pregunta ya no es cuánto corre, sino si puedes vivir con su lado menos amable.

Lo que cansa en uso real
En uso real, el Evo IV no disimula sus años. Mide unos 4,33 metros de largo, así que no es enorme, pero tampoco es un utilitario; el problema no es el tamaño, sino el tipo de coche que es. La suspensión va firme, el habitáculo tiene un acabado sencillo y el aislamiento no está pensado para pasar horas en autopista como si nada.
Si el coche llega importado, el volante a la derecha añade otra capa de compromiso en España. Se puede vivir con ello, claro, pero no es lo mismo maniobrar y adelantar en un coche de uso diario que en un capricho de fin de semana. Yo lo veo como un coche brillante para trayectos cortos, carreteras secundarias y salidas de aficionado, no como la elección lógica para sumar 20.000 km al año.
- Interior simple: funcional, pero sin el refinamiento de un deportivo moderno.
- Plazas traseras justas: suficiente para salir del paso, no para viajar cómodo a menudo.
- Ruido y firmeza: parte del encanto para unos, cansancio para otros.
- Gasto de uso: combustible, neumáticos y mantenimiento están a otro nivel.
Por eso conviene compararlo con sus hermanos cercanos antes de decidir si el IV es el punto exacto donde merece la pena entrar en la saga.
Evo IV frente a Evo V y Evo VI
Si la duda es entre un Evo IV y un Evo V o VI, yo no lo plantearía solo como una guerra de números. La diferencia está en cómo de redondo quieres que sea el coche y en cuánto presupuesto aceptas poner sobre la mesa. El IV ya da una experiencia muy seria, pero los siguientes modelos afinan el conjunto y suelen dejar una impresión de mayor contundencia.
| Aspecto | Evo IV | Evo V y Evo VI | Qué notarás |
|---|---|---|---|
| Tacto de conducción | Muy directo y ya muy eficaz | Más redondo y más armado | El IV seduce por carácter; los siguientes convencen por conjunto |
| Frenos y control | Correctos, pero menos robustos | Mejor solución global para ritmo alto | Si haces montaña o circuito, los posteriores agradecen más el trato duro |
| Comodidad | Más espartano | Algo más maduro sin perder nervio | La diferencia se nota en trayectos largos y uso repetido |
| Precio y acceso | Suele ser la entrada más lógica | Normalmente más caro y más codiciado | El IV suele ser el que mejor combina prestigio y coste inicial |
Mi lectura es sencilla: el Evo IV es el que más fácil hace que te enamores de la saga sin irte de presupuesto, pero no siempre es el más equilibrado si buscas la versión más completa. Esa diferencia se vuelve crucial cuando toca revisar una unidad concreta.
Qué revisar antes de comprar uno
Comprar uno bien es mucho más importante que comprar uno barato. Aquí no basta con una vuelta rápida; hace falta mirar abajo, escuchar el motor en frío y pedir documentación como si fuera un coche mucho más nuevo. Yo no firmaría nada sin revisar, como mínimo, estos puntos.
- Óxido en bajos y cortafuegos. En este modelo importa mirar pasos de rueda, travesaños, torretas y zonas donde el agua se queda atrapada.
- AYC y diferencial trasero. El sistema de reparto de par debe funcionar sin avisos extraños, ruidos ni fugas; si hay testigos o mantenimiento dudoso, el riesgo sube.
- Embrague y volante motor. Las unidades con embrague muy duro, cambios bruscos o historial de lanzadas suelen haber llevado una vida exigente.
- Crankwalk. Es la holgura axial del cigüeñal, un problema que puede acabar dañando el motor; no es una sentencia automática, pero en un Evo IV ignorarlo sería ingenuo.
- Turbo y refrigeración. Fugas de aceite, humo azul, temperatura inestable o manguitos cansados son señales de que habrá gasto extra desde el primer día.
- Historial de uso. Un coche original con facturas suele valer más que uno preparado sin papeles claros, aunque sobre el papel el segundo parezca más potente.
También me fijaría en si el coche tiene cambios de aceite cortos y consistentes, idealmente cada 5.000 a 7.000 km en uso animado. En un clásico turbo de este tipo, el mantenimiento cuenta tanto como la potencia. Con el examen hecho, toca poner cifras sobre la mesa.
Cuánto cuesta hoy y cuándo compensa
En 2026, el Evo IV ya no juega en la liga de los coches “baratos”, pero sigue moviéndose en una franja razonable para quien sabe lo que compra. En subastas y portales de clásicos se ven unidades desde alrededor de 11.600 dólares en ejemplares más tocados hasta más de 36.000 dólares en coches muy originales y bien presentados. Yo lo resumiría así: el precio cambia menos por el año que por el estado, la originalidad y el historial.
| Tipo de unidad | Qué suele ofrecer | Precio orientativo |
|---|---|---|
| Proyecto o muy modificado | Más riesgo, más sorpresas y más trabajo pendiente | 11.600-18.000 dólares |
| Buen coche de uso | Historial aceptable, desgaste normal y pocas señales de abuso | 18.000-25.000 dólares |
| Original, cuidado y escaso | Especificación deseable, documentos sólidos y estado muy convincente | 25.000-35.000 dólares o más |
Si además hay importación, homologación y una puesta al día mecánica importante, el coste total se dispara con facilidad. Mi regla práctica es reservar un 15% a 20% extra sobre el precio de compra para dejarlo realmente fino; si la unidad ya viene cansada, ese margen debería ser aún mayor. El truco no está en encontrar el Evo IV más barato, sino el que menos te obligue a improvisar después.
Lo que yo tendría claro antes de decidirme
Mi opinión es clara: el Mitsubishi Lancer Evolution IV compensa cuando buscas sensaciones auténticas, no cuando buscas comodidad o una compra sin sobresaltos. Tiene un chasis con mucha personalidad, un motor con base sólida y un lugar muy merecido en la historia del rally, pero solo merece la pena si entras con ojos abiertos.
- Sí lo compraría si priorizas conducción, rareza y carácter.
- No lo compraría como único coche si haces mucha autopista o quieres silencio y confort.
- Revisaría antes el Evo V o VI si el presupuesto te lo permite y quieres un conjunto algo más redondo.
En una frase, el Evo IV no es el más fácil de convivir, pero sí uno de los más honestos. Cuando aparece una unidad sana, con mantenimiento creíble y sin inventos, la balanza deja de depender de las opiniones ajenas y pasa a depender de una sola pregunta: si de verdad quieres conducirlo, o solo tenerlo aparcado.
